La salud mental es un derecho de hombres, mujeres y niños. Lo que no siempre está claro es cómo se puede lograr en sus diversos niveles, que van desde la prevención primaria hasta el tratamiento de los trastornos que ya afectan la vida de las personas. Tomando en consideración que la salud mental es un fenómeno muy complejo y que implica diversas variables sociales, biológicas, ambientales el reto que se presenta para los sistemas de salud de cada país no es sencilla y probablemente requiera el apoyo de la sociedad, del estado, de organismos internacionales e incluso del sector privado. Es por esto que la búsqueda de la salud mental ya no está siendo planteada totalmente hacia la “curación”, sino que está apostando a la prevención y a la promoción de la salud por medio de programas que se están alejando, en cuestión de la salud mental, del modelo de hospitalización psiquiátrica en donde muchas veces los pacientes eran abandonados: “En lugar de proporcionar atención en grandes hospitales psiquiátricos, los países deberían integrar la salud mental en la asistencia primaria, ofrecer atención de Salud Mental en los hospitales generales y crear servicios comunitarios de salud mental” (Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, 2012:16), donde la participación del usuario es activa para conservar y lograr la salud.

Parece pertinente preguntarse si este abordaje será suficiente, si contempla no sólo estadísticas de salud mental, sino también a factores igual de importantes y determinantes para lograr los retos que la salud mental implica, como lo es la educación, la alimentación, la economía e incluso la correcta y ética preparación de los profesionales de la salud. Si los datos están siendo empleados para hacer un verdadero plan que involucre a los diversos niveles de la sociedad, a un largo plazo y no sólo a corto. Una última cuestión implica saber si este nuevo planteamiento está considerando a niños, mujeres, hombres y adultos mayores, sus factores de riesgo y como en cada una de estas etapas de su vida se puede prevenir, diagnosticar y tratar la enfermedad mental y si en verdad está enfocado en lograr el bienestar del usuario, o si únicamente desea reducir el impacto económico que la pérdida de la salud mental implica, sobre todo en las personas en edad productiva para las grandes corporaciones.

Antecedentes

La salud y la enfermedad mental no han tenido siempre el mismo significado por lo que es difícil hacer una comparación únicamente cuantitativa y atemporal. En Grecia se comenzaron a estudiar las enfermedades mentales, siendo Hipócrates el primero en “describir y clasificar racionalmente enfermedades como epilepsia, manía, paranoia, delirio tóxico, psicosis puerperal, fobias e histeria” (Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, 2012: 24). En la Edad Media se da un retroceso y las enfermedades mentales fueron consideradas como posesiones demoniacas. No fue sino hasta que Philippe Pinel en 1705 cambió la percepción que se tenía de los enfermos mentales en París y los liberó de las cadenas dentro de los hospitales. En el siglo XIX Jean Martin Charcot estudió los fenómenos de la hipnosis y la transferencia. En 1986 Sigmund Freud creó el término Psicoanálisis pare referirse a su técnica de asociaciones libres e interpretación de sueños, para hacer consciente lo inconsciente. En el siglo XX John Cade describió los efectos del litio en tratamiento de la manía. Tomando las diferentes concepciones se puede entender cómo ha sido consideraba en la historia la salud mental y como se define ahora. Esto ayuda a comprender las necesidades y los retos que actualmente plantea a los futuros profesionales de la salud (Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, 2012: 25).

Definición de Salud Mental

La salud mental ha sido definida por la OMS en el 2004 como: “La Salud Mental no es sólo la ausencia de trastornos mentales. Se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad” (Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, 2012: 22). Esta concepción es mas completa que la que definía a la salud como la ausencia de enfermedad, ya que da un eje de contexto en donde se reconoce a las personas como poseedoras del derecho a la salud y hace notar el cómo la salud mental impacta en el individuo y en su entorno. Además de esta definición están las clasificaciones de los trastornos mentales como el DSM-V y el CIE-10, del que hacen uso los organismos de Salud, nacionales e internacionales. Una clasificación y modo de ver a la salud y a la enfermedad es útil, sin embargo la definición no plantea el cómo se podrá resolver el problema de la prevención que en cada uno de los países, culturas, edades, implica diferentes cuestiones que deben ser consideradas. Esta definición involucra algo positivo, más allá de la negativa consideración que se tiene hacia las personas que sufren de trastornos mentales.

 

ONU y la salud mental

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos plantea datos sobre la salud mental en el documento llamado “Plan de acción sobre Salud Mental 2012-2020”, que nos dan una visión mas amplia de la realidad. Hace referencia a los factores de riesgo implicados y concluye: “Tomados en su conjunto, los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias se cobran un alto precio, y representaban un 13% de la carga mundial de morbilidad en 2004”. Lo cierto es que el impacto que tiene la presencia de los trastornos mentales no es tan alto como otras enfermedades, tampoco tiene cifras despreciables a nivel mundial. La ONU también da otra cifra importante: “En los países de ingresos bajos y medios, entre un 76% y un 85% de las personas con trastornos mentales graves no reciben tratamiento; la cifra es alta también en los países de ingresos elevados: entre un 35% y un 50%” (OMS, 2013: 8), lo que hace ver que incluso en países de ingresos altos, la salud mental posee cifras elevadas. Esto plantea un gran reto para sistemas de salud muy diferentes en contextos y poblaciones vulnerables.

México y la salud mental

Nuestro país comienza a mostrar signos del cambio de la pirámide de edad y esto tiene repercusiones sociales y económicas muy fuertes que se verán reflejados en la salud. En el modelo actual los recursos no serán suficientes para atender una gran demanda de usuarios que requerirán tratamientos, estudios, medicamentos de forma constante. Si bien estamos alejados de los países del primer mundo en donde la mayor incidencia de la enfermedad se da en lo crónico y no en las enfermedades transmisibles, nuestra tendencia es hacia ambas probablemente resultado de las diferencias existentes por la desigualdad social y económica. Ningún grupo está exento de el padecimiento de enfermedades físicas y mentales, lo cierto es que los grupos vulnerables son los mas propensos y tienen un mayor riesgo a padecer enfermedades mentales, a no ser diagnosticados, a no recibir tratamiento adecuado (o ninguno) y menos a tener una intervención a largo plazo. Como resultado de estas consideraciones en México se creó el Consejo Nacional de Salud Mental en el 2004, que nace para impulsar el Modelo Hidalgo de Atención en Salud Mental cuya función es: “favorecer la salud mental a lo largo de la vida así como para llevar a cabo la planeación, supervisión y evaluación de los servicios de Salud Mental en todo el país” (Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, 2012: 52). Sin embargo sus acciones si bien contemplan propuestas, no se han llevado a cabo en un plan de acción integral donde las partes se unan en un todo.

Conclusión

No sólo se trata de los datos que la estadística nos brinda acerca de la salud mental, sino también de cómo se van a emplear para reducir y prevenir su impacto en la salud de los pacientes, los cuidadores, de la familia, en el trabajo y en la comunidad. Y es que la salud mental es el gigante dormido del sistema de salud ya que ha costado mucho tiempo hacerlo notar como algo real que posee gran impacto en nuestra sociedad. Ha sido hasta hace relativamente poco que se ha considerado como un problema de salud pública que repercute en la economía, en el trabajo, en la calidad de vida de quienes padecen algún trastorno mental y de sus cuidadores, de un problema que debe ser atendido y abordado antes de que se convierta en algo más grande y de hecho incontrolable.

Nuestro país comienza a mostrar signos del cambio de la pirámide de edad y esto tiene repercusiones sociales y económicas muy fuertes que se reflejarán en la salud, cuyos recursos no serán suficientes para atender una gran demanda de usuarios. A diferencia de los países del primer mundo en donde la mayor incidencia de la enfermedad se da en lo crónico y no en las enfermedades transmisibles, nuestro país presenta ambas probablemente resultado de las diferencias existentes y determinadas por la desigualdad social y económica que restringe el acceso a los servicios de salud. Y aunque ningún grupo está exento de el padecimiento de enfermedades físicas y mentales, los grupos vulnerables son los mas propensos y tienen un mayor riesgo a padecer enfermedades mentales, a no ser diagnosticados, a no recibir tratamiento adecuado o ninguno (Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica, 2012: 179). Es en este contexto donde es muy necesaria la labor del psicólogo de la salud y bajo este panorama son muchos los retos que enfrenta el sistema de salud, pero también la educación que debe existir para que la población sea consciente de las enfermedades mentales, qué son, su tratamiento y cómo se prevenir en las etapas de la vida. Son números para la economía global, pero al mismo tiempo significan calidad de vida para la humanidad. El cambio no es inmediato pero es una buena señal el que se comience a tomar conciencia y a hacer investigación del impacto que tienen las enfermedades mentales.

Referencias

Organización Mundial de la Salud (2013). Plan de acción sobre salud mental 2013-2020. Suiza: Autor.

Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica. (2015). Perfil epidemiológico de la salud mental en México. México: Secretaría de Salud.

 

Anuncios