No sólo la psicología por ser una ciencia que estudia directamente el comportamiento humano es quien debe estudiar los orígenes y problemas pasados y presentes de la época. Es algo que todas las profesiones deben abordar de manera constante y para esto es necesario entender el origen de los actuales problemas éticos y morales –o tal vez la falta de estos-. ¿Qué podemos entonces decir sobre la moral y la ética? ¿Son lo mismo?¿Siempre han existido?¿Cómo han influido la modernidad y posmodernidad en la ética y la moral?

Es importante mencionar que la moral es parte del individuo y ésta sólo fue reconocida cuando a las personas se les consideró libres. Esta libertad implicaba ser capaces de decidir, elegir y actuar de manera autónoma y no por la imposición que el poder que legislaba había determinado correcto. Así, en un inicio, las decisiones eran dadas por lo divino y las personas únicamente tenían el albedrío para elegir el bien sobre el mal, pero sin la oportunidad ni libertad de evaluar porqué algo era bueno o malo. Con el paso del tiempo y con el Renacimiento, momento en que el hombre se configura como el centro de todo y donde no existen los límites para él, a través del conocimiento y sobre todo de la razón. Es entonces que el hombre se da cuenta de que es libre y puede elegir ser autónomo. Sin embargo esto no era privilegio de todas las clases sociales y de manera paradójica el no tener control de la autonomía podía ser peligroso para aquellas que sustentaban el poder.

Es en esta modernidad, que podemos ubicar entre el siglo XV y el XVIII, en donde dos fuerzas consolidan una ética que pretendía “guiar” a las personas menos ilustradas bajo una serie de normas y reglas que les indicarían que era lo mejor para ellas y también para los otros. La moral sería entonces la base humana de una ética racional que el contexto reforzaba constantemente para asegurar que las personas actuaran como se había establecido de una manera universal y con sólidos y fuertes fundamentos. Así, la modernidad deseaba lograr la universalidad y la consolidación de fundamentos por medio de la legislación y la teorización filosófica, pero los construyó a través de la contradicción de su origen: era una falsa libertad que fue guiada y aunque se creía que eventualmente lograría la perfección fundada en la lógica y no en la variable e inestable moralidad humana.

Es en la postmodernidad una nueva perspectiva que nos abre los ojos y reflexiona ante la contradicción y el fracaso de una modernidad que era incongruente en su deseo final de lograr una perfecta y lógica ética que guiara a las personas en una falsa autonomía y que en realidad obedecía a la globalización de los poderes políticos y que se manifestó en una ética utópica que nunca existió y que probablemente nunca existirá. En cambio la postmodernidad nos impulsa a retomar al yo que es moral y que tiene y asume su responsabilidad con el otro.

Es en este contexto en donde el individuo actualmente se siente perdido ¿Sabe hasta donde llegan las consecuencias de sus actos?¿Acaso se lo cuestiona? Estas son algunas de las preguntas que plantea la ética de la postmodernidad. Sin embargo parece que la ética no es sólo una y que existen muchas reglas morales aplicables a diversas situaciones. ¿Cómo puede entonces el individuo no sentirse ansioso ante tal ambigüedad? Lo cierto es que no existe una regla única – o una institución- que le diga qué y cómo debe hacer lo que se espera de él, sino que ahora es él quien debe tomar una decisión, pero sin saber cuales son las implicaciones reales de su elección. Esto lo lleva a sentir el enorme peso de ser un ser autónomo y de tener que enfrentar la incertidumbre. Y si el individuo voltea a buscar apoyo en las reglas éticas más que encontrar un principio universal sólo encontrará recetas y parches para problemas aislados, en una realidad que como refiere Bauman es líquida y no puede ser retenida de ninguna manera. Más que buscar una ley universal, ahora sabemos que “nunca tendremos la certeza de encontrar soluciones, ni siquiera de saber si sería bueno encontrarlas”.

¿Qué podemos entonces aprender como individuos de la postmodernidad? Que los problemas no tienen soluciones predeterminados y que la realidad es desordenada y ambivalente. Debemos retomar la confianza en nuestra moralidad y no permitir que la ética guiada por la racionalización y por los intereses del orden de unos cuantos nos confundan y nos lleven a una ruptura de nosotros mismos al sentirnos incongruentes con nuestra propia moralidad y la ética del contexto que nos rodea. ¿Cómo puede ayudarnos a los psicólogos entender el tema de la ética y la moralidad? No sólo porque en nuestro día a día se nos presentan problemas éticos y morales, sino también porque nosotros tratamos con el comportamiento humano y para poder entender los problemas actuales, la angustia que se genera en las personas por la situación actual, debemos tratar de entender el origen del vacío en el que vivimos y cuestionar porque lo tratamos de llenar con falsa ética, con individualismo, con ignorancia, con consumismo e incluso con la negación de nuestra autonomía y de nuestra moralidad, aunque creamos que esa es nuestra libre elección. Tal vez es más fácil sentir que hacemos lo que está en nuestras manos porque no podemos hacer más, pero ¿es eso verdad? Tal vez aunque sea difícil debemos aprender a quitarnos la venda, dejar de pretender ser víctimas de las circunstancias y retomar nuestros valores y nuestra moralidad, aunque no nos haga completamente felices.

 

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