Es muy probable que el determinismo rija en nuestro pensamiento de manera inconsciente más de lo que pretendemos y entendemos. Este determinismo biológico que “postula la inmutabilidad de aquellas características del comportamiento humano que son universales o de las diferencias de estatus social entre los grupos más amplios”, forma parte de una configuración de la realidad determinada no sólo por un contexto establecido sino por el pensamiento individual de quienes lo conforman y que a su vez transforman su realidad. Si bien en muchas ocasiones este determinismo está guiado por las reducidas clases que se encuentran en el poder como un medio de validación política, en donde las mayorías menos afortunadas deben aceptar lo que no puede ser cambiado y que está determinado por su biología, por sus genes, por algo que fisiológicamente está mal en ella y no le permite encajar en la sociedad regida por instituciones que imponen su propias reglas.

Es este determinismo biológico el que encuentra su validación al desaprobar lo que sale de sunorma, como lo son las enfermedades mentales, que ayudan a la clasificación y organización de aquellas personas que no encajan en la sociedad. Este determinismo también encuentra su valor y fundamenta sus explicaciones al limitar a las personas a algo que ya está dentro de ellas y no puede ser cambiado sin importar lo que se haga. Es así como se plantea la idea de libertad, una que está limitada por nuestro interior y que debe ajustarse al contexto que la rodea de manera estática. Una libertad que no le es negada al individuo pero que es convenientemente mejor para las políticas de control de quienes ostentan el poder. Es así como “el determinismo biológico es un flexible y poderoso medio para culpabilizar a la víctima”.

 

Existe sin embargo una perspectiva llamada el interaccionismo que parece sobrellevar las contradicciones que presenta el determinismo. Es en este en donde no son los genes ni tampoco el medio ambiente lo que determina a un organismo, sino que es resultado de ambos. Sin embargo en esta idea aun se contempla al organismo como algo alienado que es determinado por el medio ambiente y olvida que el organismo también hace al medio ambiente.

 

Otra forma de abordar el problema de determinismo es un modelo que se encuentra inspirado por el legado de Darwin en el siglo XIX y en donde los organismos, sociedades y especies se enfrentan a problemas que les plantea el exterior, que son independientes de su existencia y en donde el organismo reacciona ensayando por prueba y error soluciones hasta que da con una que es adecuada. En psicología podemos hacer referencia a Piaget y a su teoría del desarrollo en donde si bien el organismo evoluciona psíquicamente al confrontarse con el ambiente, es éste el que determina como será su transformación y evolución. Por tanto es el ambiente el que predomina en el organismo y es éste el que debe adaptarse para lograr sobrevivir.

 

Sin embargo algo en estas teorías parecen demasiado limitadas y constrictivas. Esto es debido a que las relaciones entre el organismo y el medio ambiente no son sólo la interacción entre factores externos e internos. Es el sujeto quien es al mismo tiempo creador de sus propios medios ambientales. Así “No hay ningún hecho físico universal de la naturaleza cuyo efecto o influencia sobre un organismo no sea en parte una consecuencia de la naturaleza del propio organismo”. Pero ¿por qué es tan difícil poder ver más allá de la dicotomía del organismo y del entorno?¿Por qué no somos capaces de establecer nuevas relaciones que vayan más allá de la causalidad? Esto es probablemente debido a nuestro determinismo de la ciencia y las diversas vinculaciones que existen dentro de la misma ya sea que nos refiramos a química o a psicología. Somos capaces de definir a la mente en un nivel fisiológico, en un nivel conductual y en un nivel social y los queremos entender de manera causal, cuando en realidad estamos describiendo lo mismo en diversos niveles – algo similar a lo que sucede en las dimensiones físicas de la realidad.

 

La tendencia cuando hablamos de explicaciones que nos da la ciencia es pensar en los diversos niveles que posee, sin ser capaces de establecer o comprender que si bien cada uno se rige por sus propias leyes y tiene sus propios componentes, al final forman parte de un todo. Pero no es un todo que sólo es la suma de las partes, sino que es un todo que va más allá de esto, ya que su comprensión en sus diversos niveles no excluye ninguna explicación sino que ayuda a describir su verdadera naturaleza. Así lo social y lo biológico pueden ser analizados a diversos niveles, considerando que no son separables sino más bien complementarios y que las descripciones holísticas y reduccionistas sólo son “descripciones de los mismos a niveles específicos, en lenguajes científicos también específicos”.

 

Considerando todo esto dentro de la psicología entontes podríamos dejar de tener perspectivas aisladas de un mismo problema si fuésemos capaces de ver que estamos hablando de un mismo fenómeno descrito en diferentes niveles. El organismo que posee mente y cerebro así no sería separado de lo social y de lo biológico, sino que sería comprendido como un individuo que adquiere nuevas propiedades de la sociedad. Una que tampoco es estática y determinada ya que es al mismo tiempo transformada por las características de los individuos no sólo de manera causal, sino azarosa y caótica. Finalmente tal vez podamos considerar la misma solución que nos dio Kant y aceptar una naturaleza dual irreconciliable de la existencia humana.

 

REFERENCIAS

LEWONTIN, R.C., ROSE, S. y KAMIN, L.J.(2009)
No está en los genes
Barcelona: Editorial Crítica, Drakontos Bolsillo. Original: 1984
Cap. 2, “La política del determinismo biológico”, págs. 31 a 48
Cap. 10, “La nueva biología contra la vieja ideología”, págs. 367 a 398
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